Hace días que vengo alegándole a mi señora, cuando pasamos en la mañana en el auto por Pajaritos hacia las Rejas, apenas pasado Vespucio, por el asqueroso taco que se arma justo en el lugar donde se separan las vías y quedan las dos de la izquierda para uso exclusivo de las micros y las de la derecha, para el de los autos particulares. En el lugar, existe a mano derecha un colegio (creo que se llama Santa María), y a mano izquierda se están empezando a ejecutar las obras del metro (Paradero 13, más o menos). Las micros pasan por su pista, pero hacia la derecha se forma el tumulto formado por los que debemos conducir por las vías “normales”, más los que se detienen en el citado colegio (y se estacionan para dejar a sus hijos en segunda fila), los colectivos que no pueden circular por las vías exclusivas, aun siendo transporte público, los colados a los que no les gusta hacer fila y mi cabo que se gana cincuenta metros más allá, pero por el bandejón, para evitarnos la tentación de seguir a las micros en su expedito transitar, y recordarnos que más importante que nuestros jefes y los horarios de entrada a la pega son las normas de tránsito que, aunque idiotas e inexplicables, debemos respetar.
Como esta cantinela la descargo en el auto cada mañana, y siguiendo el principio que dicta que por mucho que putees al lado mío, aunque no me putees a mí, me termina agotando, mi señora me dijo que por qué no canalizaba mis teorías de ingeniería en tránsito de alguna forma más constructiva (o sea, que me callara) y así, con otros usuarios, probablemente con ideas mejores y con el mismo hastío, propusiéramos soluciones el problema. Para eso hay comunidades web, me dijo, puedes hacer un blog o algo por el estilo.
Yo sé que no hay resorte alguno en ello, y lo dejo plasmado en esta primera entrada, pero para no poner en riesgo mi matrimonio por culpa de los que sí se llaman ingenieros en tránsito y deben saber sobre estos temas en detalle, propongo a continuación una solución práctica y de nivel usuario, para el taco aludido.
El problema principal radica en el deber que tenemos los particulares de tomar obligadamente esta “caletera” hacia la derecha, para evitar a mi cabo y su multa en UTM si nos fuéramos por la vía exclusiva. En seguida, hay que tomar en cuenta que venimos de cuatro pistas (antes de Vespucio), nos pasamos a dos y encima nos cambiamos de las pistas rápidas de Pajaritos (llamémoslas 3 y 4) a las pistas lentas (1 y 2) mientras las micros hacen exactamente lo contrario. Sumemos a eso, como se dijo, a los apoderados del colegio que más adelante están bajando a sus hijitos para que estudien y a los colados que se cambian a las pistas 1 y 2 encima de la vifurcación por no hacer la fila que, como sabemos, es una lata.
¿Qué pasaría si una mente brillante dispusiese que las vías exclusivas comenzaran, digamos, unos trescientos metros más allá? ¡Pero cómo se le ocurre, tendríamos que cambiar una serie de normas, correr el letrero de segregación para vías exclusivas, pedir una serie de permisos a diferentes autoridades, seriamos el hazme reir de la administración!!… O sea, no existe incoveniente alguno: 1) las normas no son de tal rango que éste impida su modificación por los caminos habituales. Si es ley, se modifica en el congreso; si es decreto, se modifica en el ministerio que lo dictó. 2) El letrero se puede correr, tanto como que se pudo instalar ahí. No se va a acabar el mundo ni el letrero se va a sentir mal, porque es letrero, y si lo ponen más allá no se molesta ni se siente pasado a llevar. 3) Hay que pedir permisos corrientes, a saber, a la autoridad de transportes, a lo sumo al alcalde, tal vez a algún otro ministerio, pero no es necesario solicitar venias papales para que se case por la iglesia un divorciado ni tratamos de mutar la pena de muerte por cadena perpetua, ni nada que se le parezca. Se puede hacer. y 4) Ya son el hazme reír de la administración y nunca es tarde para enmendar el rumbo.
Si pusiésemos el letrero de segregación para vías exclusivas un poco más allá, los vehículos particulares no tendrían la obligación de “bajarse” a la caletera en la intersección señalada, por lo que podrían seguir por las ahora exclusivas vías del Transantiago un poco más. Eso permitiría que los papis que van a dejar a sus hijitos al Colegio Santa María (para que aprendan de grandes que uno debe poner a su hijo en un colegio donde se pueda estacionar), no tengan ningún problema para efectuar esa labor. Los colectivos se irían también “por arriba” junto con las micros hasta que, en la bajada que existe antes de llegar a Avenida Santa Rosa, fueran conminados a retomar la vía para particulares y sumarse a los que ya vienen por ahí (desde el colegio o los que simplemente eligieron bajar antes a la caletera), antes de que mi cabo, ahora trescientos cincuenta metros más lejos, nos vuelva a recordar lo de la multa.
Eso en mi opinión descongestiona radicalmente el nudo al que aludí al principio, con una salvedad: la bajada que está antes de la Avenida Santa Rosa debe agrandarse, porque es de una sola vía. Aaaahhh…., me va decir usted, pero hay que dentrar a picar. Sí, le contestó yo, eso sería el óptimo. Y ya que vamos a picar, tal vez la solución sería hacer la bajada antes de ese lugar, pero siempre después del colegio y de las labores del Metro, que, como usted sabe, tienen para unos dos o tres años más.
En suma, no hay impedimento vial que nos frene, sino nuestra habitual capacidad para adaptarnos a las cirunstancias más sombrías de la vida como gente de ADN aguantadorazo, pero medio dura de mollera para asomar la cabeza más allá de la fila. A mí me sirve para desahogarme, para salvar mi matrimonio, y mañana mi señora va a quedar pasmada cuando pase por el taco y no le diga nada. Nada de nada.



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